Cualquiera que recorra la Costanera Nebel se encuentra con una novedad en el paisaje que despierta más preguntas que certezas. Se trata de la construcción de dos garitas de dimensiones sumamente acotadas, de apenas dos metros de largo por un metro y medio de ancho.

Sin embargo, lo que verdaderamente encendió las alarmas y se convirtió en eje de los comentarios locales es la enorme distancia que parece existir entre la simplicidad de lo construido y el presupuesto oficial asignado, que asciende exactamente a $19.585.524,48.
Al observar las estructuras, salta a la vista que se trata de una obra rústica, levantada con ladrillo visto y sin revocar. Las características de los refugios muestran una construcción sencilla, sin terminaciones complejas ni infraestructura complementaria. Es precisamente esa aparente falta de complejidad técnica la que abre un debate inevitable en la comunidad sobre la lógica detrás de los costos de la obra pública. Resulta difícil comprender cómo se justifica semejante nivel de inversión para dos módulos tan básicos, que cualquier vecino asociaría con tareas elementales de albañilería.

La contradicción entre el millonario desembolso de casi 20 millones de pesos y la fragilidad visual de lo construido genera una duda razonable y saludable para el control ciudadano. No se trata de lanzar acusaciones apresuradas, sino de plantear un interrogante lógico sobre el verdadero valor de mercado de los materiales y la mano de obra empleados.
En tiempos en los que el cuidado de los recursos colectivos es una exigencia prioritaria, observar intervenciones de tan baja calidad con presupuestos tan elevados abre un manto de dudas sobre la eficiencia y el criterio económico aplicados en este sector de la playa.
Fuente Diario Junio


