LA PLAZA 25 DE MAYO FUE UNA FIESTA
La noche del miércoles quedará guardada en la memoria de miles de concordienses. Apenas el árbitro marcó el final del partido, las bocinas comenzaron a sonar por todos los barrios de la ciudad y, como ocurre en cada gran alegría de la Selección, la gente salió espontáneamente a las calles para compartir un festejo que tuvo como epicentro la Plaza 25 de Mayo.

No fue un partido más. No era un simple pase a la final. Del otro lado estaba Inglaterra, un rival con el que Argentina mantiene una historia cargada de emociones que van mucho más allá del fútbol. Por eso, el triunfo conseguido por el equipo de Lionel Scaloni tuvo un sabor especial.
La Selección volvió a demostrar que nunca baja los brazos. Empezó perdiendo por el gol de Gordon, pero reaccionó con personalidad y fútbol. Primero apareció Enzo Fernández con un potente remate para empatar el encuentro y, cuando el partido parecía encaminarse al alargue, Lionel Messi sacó un centro perfecto que encontró la cabeza de Lautaro Martínez para sellar el 2 a 1 y desatar la locura de millones de argentinos.
En Concordia, el estallido fue inmediato. Durante varios minutos las bocinas no dejaron de sonar y las principales avenidas se llenaron de autos con banderas argentinas, mientras cientos de familias, grupos de amigos y jóvenes caminaron hasta la Plaza 25 de Mayo para celebrar juntos una victoria inolvidable.
Hubo abrazos entre desconocidos, camisetas albicelestes, bombos, bengalas y un solo grito que se repitió una y otra vez: «¡Vamos Argentina!». El centro de la ciudad volvió a vestirse de celeste y blanco en una postal que ya se convirtió en una costumbre cada vez que la Scaloneta regala una alegría.
Pero si el triunfo ya era especial por sí solo, hubo un gesto que terminó de emocionar a todos. Una vez finalizado el encuentro, los jugadores argentinos desplegaron un cartel con una frase que despertó un fuerte sentimiento de orgullo nacional: «Las Malvinas son Argentinas». Un mensaje cargado de simbolismo, justamente después de dejar en el camino a Inglaterra y en la antesala de una nueva final del mundo.
Ahora solo queda un paso más. Argentina volverá a jugar una final mundialista y Concordia ya empezó a ilusionarse. Si algo quedó claro esta noche es que cuando juega la Selección, la ciudad late al mismo ritmo y cada rincón se llena de esperanza.
El sueño sigue intacto. ¡¡¡Vamos Argentina!!!


